No solo es un techo digno, sino un hogar

El Albergue para personas indomiciliadas de Valladolid, que lleva abierto desde hace diez años, intenta ser todo lo flexible que permite la situación, para que no se deje a nadie sin techo. Así nos ha contado Vesi Vasileva, trabajadora social que visitamos el pasado jueves.

Las instalaciones pertenecen al Ayuntamiento de Valladolid que se ocupa de la remuneración de los trabajadores y el mantenimiento del albergue. Cruz roja Española, por su parte, se encarga de la gestión y de suplir el resto de gastos que puedan surgir. El horario del albergue es de 10 a 8:30, fuera de estas horas, permanece cerrado.

El personal se reparte en dos turnos, tres personas en cada uno de ellos. Dos personas están a jornada completa desde que abre hasta que cierra el albergue y una persona de refuerzo de 10 a 1. Además cuentan con la presencia de dos voluntarios cada día, de lunes a domingo. Los voluntarios sirven de apoyo a los trabajadores y más aún de apoyo emocional a los usuarios.

Las instalaciones están dotadas de baños con duchas tanto para mujeres como para hombres, además de un comedor. En este se repartía leche, hasta que en el mes de diciembre el comedor social de la provincia amplió su servicio para ofrecer cenas calientes. El uso que hacen actualmente del comedor es como lugar para charlar, además hay revistas, periódicos y juegos de mesa.

El albergue cuenta con tres habitaciones para hombres, dos de ellas tienen diez camas literas y la otra  seis; es decir un total de 52 plazas. Para las mujeres hay tan solo una habitación con tres camas literas, es decir, 6 plazas. Vasileva nos explica porque hay mayor número de plazas disponibles para hombres que para mujeres: los hombres tienen más dificultades a la hora de recibir este tipo de ayuda, pues hay numerosas organizaciones dedicadas específicamente a ayudar a la mujer como ‘Tamar’. Es por esto, por lo que Cruz Roja ha querido disponer de más plazas masculinas ya que para las mujeres existen más recursos.

Actualmente todas las plazas están completas. El perfil de personas que acuden es muy variado: desde españoles sin hogar de larga duración e inmigrantes hasta personas normalizadas. Estas últimas, acuden como consecuencia de la crisis, ya que este tipo de personas no eran un perfil común anteriormente. Vasileva confirma que con la crisis económica ha aumentado el número de personas que acuden al igual que los perfiles. El número de personas jóvenes también ha incrementado. Detrás de algunos de estos perfiles se esconden personas con enfermedades mentales y sobre todo, personas con patología dual, es decir, además de tener problemas mentales se les atribuye un consumo de drogas.

Para poder entrar en el albergue, al igual que en el comedor social, se necesita un vale que suministran los trabajadores sociales tanto de Cruz Roja como del Ayuntamiento de la ciudad. Una persona puede entrar de emergencia y pasar una noche en el albergue pero al día siguiente debe hablar con el trabajador social y explicarle su situación si quiere continuar utilizando este servicio. Las personas que reciben ayudas no pueden entrar, además está establecido un tiempo máximo de estancia en el albergue: 3 meses.

Vasileva intenta hacernos entender que todo esto es un proceso complejo y que no son muy estrictos con estas medidas, conociendo las circunstancias de las personas se les intenta ayudar y son flexibles con el máximo de tiempo si se ve que la persona tiene interés en mejorar y salir de la situación, mediante la realización de cursos, entre otros.

Existe la denominada “Campaña de frío”, se pone en marcha cuando los termómetros bajan de 0ºC. Si estos días acuden personas al albergue y todas las plazas están ocupadas, los trabajadores sociales se ponen en contacto con el Ayuntamiento o la Policía y se les traslada a una pensión para que puedan pasar la noche. La campaña comenzó a mediados de diciembre y aún no ha terminado.

 Las personas sin recursos suelen hacer este recorrido cada día: Cuando el albergue cierra a las ocho y media, acuden a Cáritas a desayunar, allí hay taquillas donde pueden guardar ropa y una lavandería para lavarla, además tiene un ‘Centro de día’. Tamar también dispone de un ‘Centro de día’, allí las mujeres pueden usar la lavandería y disponer de ayuda psicológica si lo desean.

Otro programa importante en la ciudad es ‘Calor y café’ dirigido a inmigrantes. A la hora de comer acuden al comedor social, de 13:30 a 14:30 y también a la hora de la cena, de 20:30 a 21:30.

Para terminar, es importante señalar que nuestra entrevista con Vasileva demuestra que la mayoría de estas personas tienen una visión muy pesimista, las ayudas tardan en ser concedidas y ven, cada vez más, que salir de su situación, de ese círculo, es muy difícil.

En el albergue intentan además de ofrecer un techo digno, ofrecer un hogar: escuchándoles y empatizando con ellos.

Entrada de @MarinaCasero

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